Los colombianos somos un pueblo terriblemente cursi: de otra manera aquí no tendrían éxito las telenovelas, las baladas, los caudillos, los reinados ni los discursos políticos. La cursilería sería entonces una especie de pecado contra la verdad y el equilibrio propios del arte y la belleza, partiendo de que lo cursi es necesariamente postizo.

Con esta afirmación titulada Lo cursi, inicia la columna más reciente Margarita Rosa de Francisco, publicada por El Tiempo el 3 de agosto, y comentada esta mañana en el espacio matutino En medio del trancón con los estudiantes participantes.

Afirma Margarita que Cuando una sociedad no ha traspasado el nivel estético de la cursilería, esta se manifiesta en todas las expresiones de la gente: formas de hablar, de comportarse, de vestirse o de pensarse a sí misma, siendo las artes las que más sufren, pues son las embajadoras de lo que pasa culturalmente con esa sociedad. Si ella es cursi, vibrará con estilos artísticos que también lo serán precisamente por su altiva pretensión de tener el rango de las obras de arte. 

Pero llama la atención y vale la invitación a escuchar el audio anexo, las distintas opiniones de los jóvenes estudiantes alrededor de la cursilería: se adjudica en especial a las mujeres, pero los hombres no están exentos. Las relaciones de muchos jovencitos en la actualidad, según los mismos estudiantes, son breves, se desarrollan en muchos casos por internet, y se descartan con facilidad.

Sin embargo las opiniones también incursionan por las relaciones de muchos años, que protagonizan también jóvenes de hoy, pero que, sin embargo, al hablar de matrimonio la oposición es real. No por parte de los mayores. No. De sus contemporáneos.

Evidencias de cómo se cuestionan hoy los jóvenes en relación con el amor, que a su vez se vincula de una u otra forma con la cultura. De la cultura cursi de la que habla De Francisco en su columna.

 

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