La idea es alcanzar la igualdad. La misma que tantas veces se ve muy lejos. Imagen tomada de Organization of American States

Los errores, o las “metidas de pata”, son cobrados de manera distinta a las mujeres o a los hombres. Una verdad inadvertida, la generalidad de las veces. Una verdad que se evidencia en la columna publicada por El Espectador bajo el título Cuando las mujeres “metemos las patas”, ¿es un problema de género? .

La columnista menciona el caso de María Fernanda Cabal y el matoneo recibido por la frase estudien vagos, enunciada en la Plaza de Bolívar en protesta a acciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Y en contraposición, el silencio mayoritario ante palabras similares enunciadas por el senador Alfredo Ramos Maya, del Centro Democrática, quién en la misma ocasión gritó: lean, lean, lean, aprendan de historia. 

El otro caso mencionado se relaciona con un mensaje emitido por las redes sociales, por María Antonia García, columnista de eltiempo.com, en torno a la muerte de Martín Elías, hijo de Diomedes Díaz.

Y, en contra de su desafortunado twitter, García recibió una “reprimenda” tal, a través de la radio y las redes, que algunos temieron: porque, la “reprimenda” podría incitar a odios mayúsculos. A hechos que también lamentamos en tiempo reciente: el asesinato de las mujeres cuando dicen No más, a una relación. Odios viscerales, irracionales, producto de la radicalidad y la ausencia de calma y análisis.

Esta debilidad social, este castigo imperante, son motivo de una invitación general: revaluemos y corrijamos de manera constante los comportamientos impulsivos, la burla, la imponencia de las ideas, la soberbia con la cual se defienden.

Siendo la invitación a todos, vale destacar la última frase de la columnista:

Si la confrontación a la estupidez humana no fuera con mensajes misóginos y actos machistas no sería necesario hacer este análisis. Pero como absolutamente todo en la realidad social y política termina siendo confrontado con acciones patriarcales, no nos queda de otra que poner los lentes del feminismo en cada tema. 

Y concluye: El derecho a la estupidez humana no es privilegio testicular.

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