La visita del papa Francisco a Colombia no cambiará la realidad que nos agobia a los colombianos. Por supuesto que no. Afirmarlo sería decir una enorme mentira.

Pero sus palabras, las dirigidas a los jóvenes, a los obispos, a los jesuitas, a las víctimas, a los victimarios, y a muchos católicos y otros que no lo son, dejaron una semilla que en algunos corazones ha de florecer.

Fueron muchos los mensajes emitidos por Francisco. Con dulzura, pero también llamando la atención para corregir y avanzar hacia una sociedad mejor.

De esta afirmación general no se aparta tampoco el sociólogo Alfredo Molano, quien en la columna publicada en El Espectador el domingo pasado, aún con Francisco en Colombia, afirma que hacía 50 años no iba a misa. Confiesa que ningún papa anterior despertó su interés. Pero Francisco, para este sociólogo incrédulo estudioso, conocedor de la esencia colombiana, representa uno de “mis maestros políticos, un tema que en fondo considero espiritual”.

Lo describe también Molano como el hombre “bondadoso, alegre, atento, inteligente. Su carisma transmite la poderosa energía que la atención de medio mundo pone sobre él”.

E igual que la percepción del investigador, el sociólogo, el ausente por medio siglo de las iglesias y sus misas, muchos más periodistas, caricaturistas y forjadores de opinión, cambiaron su percepción y así la compartieron.

Como efecto de su trabajo de investigación en derechos humanos, Molano conoce la guerra de este país al derecho y al revés. Por eso resalta la importancia de su presencia en Villavicencio “por donde han pasado las guerras que han sido: la de la Independencia, la de los años “sin cuenta” y la terrible guerra de los 2000 (…) en ese piedemonte y en esa llanura donde más víctimas ha dejado la violencia (…) producidas por todas las armas enfrentadas: guerrilla, paramilitares, fuerza pública. El Ten piedad de la misa acompañada de arpas y capachos y la súplica a la Virgen del Chirajara -protectora de los abismos- me erizaron la piel. Me quedó faltando la llanera Virgen de Manaure”.

 

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